26 de mayo de 2022

UNA PALABRA PARA ZAPATEIRO. Por Daniel Samper Ospina

Se trata de una nueva semana en Polombia y, tal y como sucedía en la Selección Colombia, los titulares parecen un auténtico desastre: las autoridades advierten tardíamente que un lote entero de condones Today salieron defectuosos; un fallo de La Haya ratifica que una porción del mar Caribe es de Nicaragua y el Gobierno en pleno viaja solemne a la isla para recibir la noticia como si fuera un triunfo; confirman la condena a Luis Alfredo Ramos una semana después del domingo de ídem; el hermano de Petro se recupera de la picada de un escorpión, y, apelando al perdón social, y a la calidad de personajes que están recibiendo en el Pacto Histórico, el escorpión mismo pide cupo en la campaña; el propio Petro jura en una notaría, como cosa corriente, que, de obtener la Presidencia, no piensa expropiar a nadie, lo cual no sabe uno si le debe producir confianza o desconfianza: ¿qué otras promesas piensa radicar ante notario, acaso? ¿Que no volverá a tomar cerveza con Gustavo Bolívar en Girardot? La esperanza es que semejante gesto simbólico inspire a Fico Gutiérrez para que, por su parte, radique en notaría la promesa de que, en caso de obtener la victoria, en la misma tarde del 7 de agosto se estará peluqueando: de verdad, por favor. Que sea su primer acto de gobierno. No se imagina uno esta versión paisa de Andrés Jaramillo, el de Andrés Carne de Res, tomando posesión presidencial con las mechas largas y las mangas recogidas: ¿qué sucederá con el pintoresco personaje en los pomposos actos oficiales? ¿Qué producirá su presencia en el cuerpo de seguridad del Rey de España cuando lo visite?

—Oistes, majestá: ¿todo bien, o qué, papá? Chocalas, parce: chocalas… Oistes, que el presidente Uribe te manda saludos, y que te quiere mucho, home… Mirá este perro, ¡soltame, home!… Majestá, decile a este escolta que me suelte… soltame, yo soy el presidente… ningún colao, papá… ¡ningún colao! ¡O entonces venite! ¡Venite a ver y te atiendo, pues gono#$5!

Y, por si faltaran noticias insólitas, el general Zapateiro quiebra la orden constitucional que exige a los militares no intervenir en política y dispara una artillería de trinos abiertos contra el pecho de Gustavo Petro, quien había señalado previamente que existen altos mandos militares vinculados a carteles de la droga. Muy a su modo: es decir, generalizando. Pero porque se refería a generales, supone uno. 

El país democrático esperaba la destitución del Comandante Ajúa por tan abierta intromisión y el presidente Duque decidió actuar de modo fulminante: lo llamó por teléfono y le dijo en tono recio, como cuando habla a la tropa: 

—General, ¿me permite una palabra?
—Dígame, presidente.
—¡Así lo querí!
—Pero esas son tres.
—Como sus soles, general.

Respaldar a Zapateiro demostró, una vez más, que la única constitución que le merece respeto al Presidente Perfeccionista es la suya propia. Y que por eso está a dieta.

Para mayor surrealismo, el suceso ocurre en la misma semana en que el propio Duque confesó que cuando grande quiere ser magistrado. Así es: como suena. Y de la Corte Constitucional. El mismo hombre que ha chocado incesantemente contra la rama judicial; que la ha confrontado por sus fallos sobre el aborto; que se equivoca de artículo al citar la Constitución; que se opuso al fallo sobre el glifosato y quiso hacer trizas la JEP; el mismo que prefiere respaldar, no a la Constitución, sino al militar que la vulnera, confiesa que su sueño de adulto es ser magistrado. Tener toga propia. Llevar el martillo de machacar la carne al tribunal para utilizarlo a modo de mazo.

El anuncio del sueño coincide con la invitación que le extendieron de la Universidad de Oxford para que sea profesor de su escuela de gobierno por un ratico: una chanfa temporal para cuando termine su mandato. En este momento se encuentra preparando el curso. Se llamará “All My Term”, porque es por un solo término escolar. Contiene varias materias para forjar el temperamento de los presidentes del futuro: “Blancanieves y la economía naranja”; “Se le acabó la guachafita I y II”; “Cómo tumbar al gobierno vecino con concierto en la frontera”; “Reconociendo zonas de desastre en cuatrimonto”; “Monta tu propio programa de televisión y conviértete en locutor”.

A esas materias se suma ahora la más importante de todas: “Cómo acabar con las instituciones cuando un militar interviene en política”.

¿Por qué le dio ahora por ser magistrado de una Constitución que no hace respetar? ¿Quiere acaso demoler la Corte desde dentro, como logró hacerlo con el uribismo? O al revés: ¿como togado pretende reconstruir lo que lesionó como presidente?

El uribismo ha hecho hasta lo imposible para que Gustavo Petro gane la Presidencia en 2022: primero instaló en el poder a Iván Duque, cuya banalidad exasperó los ánimos de la gente, dispuesta ahora a encaramarse a cualquier aventura que suponga quebrar la continuidad; después eligió a su ficha más mediocre para disputar las elecciones (aunque él diría “el ficho”: el Ficho Gutiérrez). Y ahora al general Zapateiro le bastó un solo trino para que pasen a segundo plano los líos del petrismo con Piedad Córdoba y la gente respalde al candidato humano en defensa de la Constitución. Todo lo anterior logró hacerlo en cinco minutos y sin temor de irrespetar las reglas: como un condón Today del lote malo. ¡Ajúa!

La duda ahora es si el gobierno de la equidad entregará el poder en caso de que quien lo obtenga sea el Bolívar de Ciénaga de Oro, o si usará las armas para seguir de largo. 

La única ventaja de que siga de largo es que nos ahorraremos al Duque profesor y al Duque magistrado. También que impediremos que el mundo observe la escena de Fico Gutiérrez cuando los miembros de la seguridad del Rey de España lo retiren del salón. La misma decisión que no tuvieron en el Pacto Histórico para vetar el ingreso del escorpión que picó al hermano de Petro: acaso porque han recibido apoyos peores. En fin: es solo una semana en Polombia.

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