4 de julio de 2022

Inoperantes. Por Juan Pablo Calvás

La siguiente es una postal de la inoperancia. Sus protagonistas son: la Fiscalía General de la Nación, la Sijín de la Policía y la Alcaldía Mayor de Bogotá.

La siguiente es una prueba más de por qué en Colombia ya no se puede creer en la justicia y de por qué muchos terminan yéndose por la vía de la justicia por mano propia (‘paloterapia’, de la que habla un concejal en Bucaramanga), en vez de esperar que las autoridades hagan lo que por ley les corresponde.

La siguiente es una historia que nos debería dar vergüenza.

Se cumplió un mes del ataque claramente homofóbico que sufrió una pareja de la población LGBTI en Bogotá. La historia, que trascendió más en las redes sociales antes que en la prensa tradicional, ocurrió la noche del 8 de abril pasado cuando dos jóvenes esperaban en la calle un servicio de transporte y de repente fueron atacados por la espalda por otros dos sujetos, quienes gritando “esto les pasa por maricas” empezaron a golpearlos con toda suerte de objetos contundentes, hasta dejarlos indefensos en el suelo; y, de no ser por la intervención de otras personas que pasaban por esa calle, hoy podrían estar muertos.


Hasta ahí, uno diría que esta es la típica historia de intolerancia y discriminación que los miembros de una minoría deben vivir en un país tan conservador como el nuestro. Sin embargo, el problema está en lo que viene después. La falta de acción de las autoridades, que deja en evidencia que a uno aquí lo pueden matar “por marica” y poco interés habrá de la justicia para que los responsables respondan.

Se cumplió un mes del ataque claramente homofóbico que sufrió una pareja de la población LGBTI en Bogotá. Los dos responsables de ataque y potenciales homicidas están libres.

Ha pasado un mes, y los dos responsables de ataque y potenciales homicidas están libres. Andrés Lara y Brayan Nemocón siguen campantes por la vida, a pesar de que desde el mismo fin de semana del ataque fueron identificados a través de las redes sociales. ¿Por qué?

La Sijín de la Policía y la Fiscalía tienen todos los datos de los agresores. Cédulas, dirección de residencia, lugar de trabajo y hasta registros de que el señor Nemocón ya habría protagonizado dos intentos de homicidio más en Bogotá contra personas de la comunidad LGBTI, pero no pasa nada. Brayan sigue feliz, sembrando el miedo en las calles, mientras sus víctimas temen salir a la calle. Andrés, quien es abogado egresado de la Universidad del Rosario, va tranquilo por la vida a pesar de que amenazó a sus víctimas con un puñal en aquella horrible noche de hace un mes.

En nada quedaron las promesas de la Policía a los jóvenes agredidos, a quienes les dijeron que antes del “Domingo de Resurrección” sus victimarios estarían tras las rejas. En nada quedó el llamado de la alcaldesa a través de Twitter pidiendo celeridad a las autoridades para dar con los responsables de este crimen de odio.

La Fiscalía avanza a una velocidad descaradamente lenta y les dice a las víctimas que los responsables de este ataque podrían ser procesados por tentativa de homicidio, lesiones personales y tortura. Nada dicen del tema de discriminación por motivos de género, a pesar de que esto también está tipificado en el Código Penal.

La Alcaldía, que supuestamente tiene una ruta para atender este tipo de casos y proteger a las víctimas, apenas se ha dejado ver. No ha habido asistencia sicológica. No ha habido asistencia jurídica. “Nadie se ha comunicado con nosotros”, dicen las víctimas. ¡Y eso que la alcaldesa hace parte de la población LGBTI!

Ni Alcaldía, ni Policía, ni Fiscalía parecen ser garantía de nada. Por más que les den un caso completamente desmenuzado, no hacen lo que deben hacer: velar por el bienestar de los ciudadanos. ¡Qué vergüenza! ¡Inoperantes todos!