4 de julio de 2022

Lo que está en juego en la primera vuelta. Por JOHN SUDARSKY

Gustavo Petro entra con ventaja para la primera vuelta el 29 de mayo. Pero la ambigüedad de sus propuestas llena a muchos de incertidumbre sobre qué haría e introduce el riesgo de que la economía se despeñe en su gobierno. Puede adquirir mayorías en la junta del Banco de la República y en la Corte Constitucional puede decretar la emergencia económica.

La bancada de la Colombia Humana promovida por políticos tradicionales muestra que están dispuestos al todo vale. Varios sectores que ven amenazada su supervivencia y, haciendo caso omiso del clientelismo y la corrupción, salen despavoridos hacia la campaña de Fico Gutiérrez para derrotar a Petro en la segunda vuelta. Pero ¿quién es Fico? La cuarta medición del Capital Social de Colombia en 2017 nos puede ilustrar especialmente por el contraste con las anteriores mediciones (1997, 2005 y 2011). El resultado más protuberante durante su alcaldía fue el aumento inusitado de Fenoval. Fe en Fuentes de Información no Validadas es “comer cuento” y se conoce ahora como fake news. Mientras el resto del país dejaba de comer cuento, Medellín era la única ciudad donde aumentaba para llegar a su máximo nivel histórico. Los medellinenses quedaron convencidos de que los medios de información explicaban a fondo los problemas, que los colombianos sabíamos a dónde iba el país, en fin, un mundo primoroso de ciudadanos responsables de lo público, que no lo eran. Por otro lado, el capital social que Sergio Fajardo (2005) y Alonso Salazar (2011) habían logrado hacer remontar quedó en su nivel mínimo por debajo de 1997, cuando la mafia pagaba por policía muerto. La sociedad se atomizó dramáticamente: aumentos en la informalidad, en personas que no tenían quién los ayudara cuando tenían un problema, en aquellas que no pertenecían a ninguna organización voluntaria. Medellín queda en su nube: un alcalde mediático de ruedas de prensa para mostrar capturas que un fiscal afirma fueron montajes de la administración, mientras suspendía los programas de solidaridad social.

Y ahí está Sergio Fajardo: alcalde y gobernador con resultados reconocidos, sin corrupción ni clientelismo ni pactos con partidos tradicionales. Un programa realista fija prioridades sin demagogia fiscal. Responde a los enjuiciamientos de las descaradamente cooptadas “ías” del Gobierno. Pero no para ahí. Es el único candidato que ha abrazado cómo evitar que un gobierno no solo luche contra estos males, sino que, una vez elegido, se cambie objetivamente la posibilidad de reemplazar el clientelismo con una forma distinta de representación: el Sistema Electoral Mixto “que facilite la rendición de cuentas y la comprensión de las necesidades locales”. Con la planeación y presupuesto participativos locales que bajó Fenoval en Medellín y donde Sergio fue pionero, los representantes sabrían sobre qué rendir cuentas.

El síndrome clientelismo/corrupción tiene un costo enorme para la sociedad: el Estado responsable de implementar soluciones a los problemas sociales y económicos lleva en su núcleo la imposibilidad de resolverlos, especialmente los problemas de desigualdad dirigidos a la población más pobre. Y a esta gobernabilidad se aprestan izquierda y derecha a reiterarla ahora. Resulta sorprendente que los colombianos estén dispuestos a continuar con tal síndrome. Como si la iracundia moral que nos hace reaccionar contra los hechos que se conocen todos los días yaciera postrada, exangüe, y aceptáramos falsos dilemas donde la “supervivencia de la propiedad privada” requiere guardaespaldas: un régimen basado en corrupción que garantiza el próximo estallido. Votando por Fajardo en la primera vuelta tenemos la posibilidad de elegir a alguien que ya ha luchado contra tales lacras de nuestra sociedad y plantea cómo ellas no se rencarnen en posteriores gobiernos.

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