5 de julio de 2022

Están Jugando con candela

La irresponsabilidad de Gustavo Petro y de Andrés Pastrana en los últimos días resulta abrumadora. Con profunda ligereza y desdén por las repercusiones de sus palabras, el líder en las encuestas para ocupar la Casa de Nariño dijo, sin evidencia alguna: “El martes tienen pensado darles un golpe a las elecciones (…). Tienen pensado suspender las elecciones, tienen pensado suspender los órganos que dirigen el régimen electoral en Colombia”. Por su parte, el expresidente conservador lleva meses, también sin evidencias, hablando de un supuesto fraude electoral en las elecciones legislativas de marzo. Gane quien gane, habrá un amplio sector del país con dudas sobre la legitimidad de las elecciones. Están jugando con candela.

El pozo ya está envenenado. Después de los gritos de fraude electoral en las legislativas, que provenían tanto del Pacto Histórico como de Pastrana y el uribismo, Cifras y Conceptos encontró que el 48 % de las personas encuestadas creían que en efecto hubo fraude electoral. Con la desinformación desde entonces, no nos extrañaría que esa cifra haya aumentado. Y es que escuchar algún discurso del senador Petro o leer el Twitter del expresidente Pastrana es sumergirse en teorías de la conspiración que hacen creer que la institucionalidad colombiana claudicó sus responsabilidades y en cualquier momento nos sumergiremos en el caos.

La desconfianza se entiende. El manejo de Alexánder Vega como registrador ha sido deficiente y, en ocasiones, negligente. El presidente Iván Duque, con su abierta y constante intervención en política, se ha permitido mostrar sus sesgos y alimentar la idea de que el Estado se encuentra en contra de la candidatura de Gustavo Petro. Eso, sumado al millón de votos adicionales que se encontraron en el escrutinio de las elecciones legislativas, ha permitido que los discursos de fraude se difundan.Otras noticias de Opinión

Sin embargo, la realidad es que no hay evidencias de un fraude electoral. Las comisiones de observación independientes, tanto la nacional como la internacional, si bien han señalado falencias, han sido claras en su rechazo a la versión de actos fraudulentos. El escrutinio, realizado con responsabilidad y diligencia, mostró que los votos estaban, solo no se habían reportado en el preconteo, que en todo caso no es un dato oficial. Lo que necesitamos, entonces, es que la vigilancia electoral se repita y se refuerce para que todos los votos se cuenten. Las herramientas están para que el resultado final, sin importar quién gane, sea confiable.

Por eso es tan frustrante escuchar a líderes políticos de tanto renombre e influencia lanzar acusaciones temerarias. El senador Petro utilizó el cierre de campaña para hablar de un “golpe a las elecciones”, un discurso que sin duda le ayuda para seguir posicionándose como el “enemigo” del Gobierno actual, pero que tiene el efecto colateral de seguir minando la confianza en el proceso. Sus contrincantes, liderados por el expresidente Pastrana, están haciendo lo propio con sus falsos rumores de fraude. ¿Qué ocurrirá, en el caso de una victoria del senador Petro, cuando un porcentaje del país no reconozca el resultado? ¿Más violencia? Y si pierde, ¿seguirá el senador fomentando el discurso de que hubo trampa? Por donde se le mire, pierde Colombia con el manejo irresponsable de nuestros líderes políticos.

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